miércoles, febrero 06, 2008

 

Del Hada de las Incontinentes

Todos los días, excepto mis días de descanso y cuando no hay luz en el cibercafé, me levanto alrededor de las 7am para tratar de salir inútilmente a las 9am. Entonces termino saliendo a las 9:30am y tomando cualquier medio de transporte que prometa como destino “Tulyehualco”.
Puedo o no hacer corajes sobre el alto volumen de los choferes o sobre lo rápido que van o sobre lo inconscientes que son. La experiencia me ha llevado a aprender que por las mañanas es imposible escuchar música en el transporte, ya sea por la propia música del chofer (el cual piensa que los pasajeros deberían de estar interesados en su música) o por el gimiente motor torturado. De manera que es más sano para mi hígado llevar un libro. Estos días he estado leyendo uno de mis favoritos “The It”, de Stephen King.

Al llegar a Tulyehualco, tengo que caminar un par de cuadras al transporte de media capacidad que me lleva al cibercafé.
Al llegar al cibercafé, recuerdo si me toca o no hacer la limpieza del local. En caso negativo doy brinquitos y me dirijo hacia el lugar de trabajo del cual soy propietaria.
Si me toca hacer la limpieza, me resigno pensando "Al mal paso, darle prisa" y aún así me lleva más tiempo del que quisiera tener decente el changarro.

Generalmente mi computadora, por ser el servidor, está encendida. Hago los reportes de ventas del día anterior y después puedo estudiar o hacer trabajo atrasado. Si de plano tengo la cabeza embotada, como sucede frecuentemente, me pongo a investigar alguna cosa interesante acerca de reptiles o frutas.
Hacia las 12pm invariablemente me dan ganas de ir al baño y comienza el trámite: pedirle a Carlos (hay una sociedad y el local está en su casa, pero no posee baño por circunstancias adversas) que encierre a su perro para que yo pueda pasar o correr al baño.

Es curioso, pero un día sí y otro no, me encuentro a Asuan, el hermano de Carlos en el baño.
El baño está en la planta alta y Asuan a las 12pm es seguro que también esté allí. Así que debo entrar con cuidado, irónicamente haciendo más ruido del necesario, por si está a la vista algo indebido.

Si la puerta del baño está cerrada, toco suave pero firmemente unas tres veces. Si una voz algo grave pregunta “¿Quién?”, sin muchos detalles respondo “Yo” y me apresuro a salir al balconcillo, haciendo ruido en mi marcha, para que sepa que estoy afuera y más que nada, que no me interesa incomodarlo tratando de escuchar ruidos por la puerta del baño. Asuan saldrá algo nervioso, posteriormente, diciendo cosas como “todo tuyo” o “ya”.
Si no está cerrada, habrá obrado el hada que protege a las niñas con incontinencia, bendiciéndome con suerte para que no lo vea mas que secándose las manos o mirándose al espejo.

Pero hace un par de días hubo una variación. La puerta estaba cerrada, toqué educadamente y tras explicarle que era “yo” y que “no tenía prisa”, salí conforme a la rutina y observé aquél grandioso árbol que está al cruzar la calle. Oí un par de golpes, pero no presté atención. ¡Qué espesor! Y los golpes de repitieron, así que volteé a la puerta del balconcillo y vi la cara de Asuan que hacía señas. En realidad no pudo hacer señas, solo asintió.
Entonces entré como si nada y como si todo hubiera seguido al igual que siempre… exceptuando que Asuan solo vestía una leve camiseta roja y unos bóxers grises.

Así que eso era un hombre en ropa interior…

En fin, que el hada de las niñas con incontinencia a veces está ocupada.

Comments: Publicar un comentario



<< Home

This page is powered by Blogger. Isn't yours?