lunes, diciembre 31, 2007

 

Feliz Año Nuevo

MLR dice entre emocionada y reservada que el 2008 es el año de la rata, lo cual implica abundancia, éxito, que todo lo que uno se proponga se realizará. Aunque ni ella ni yo creemos ciegamente en los horóscopos chinos, esta vez elegimos creer porque nos conviene.
Incluso antes de que me dijeran la roedora noticia, ya había pensado que el 2008 podría ser un gran año para mí. Quizá ninguna otra celebración de Año Nuevo opacó la Navidad como esta. No hablo de artilugios y confites, sino de algo interior, alguna cosa que ya debería de haber sentido en Navidades pasadas.

Generalmente, en la víspera de Navidad me sentía emocionada por los regalos, y cuando dejó de haber regalos, mis sentimientos eran imprecisos, un poco de emoción, de hambre, de felicidad… una mezcla, sin ningún ingrediente de ingratitud o incertidumbre, pero débil. Nunca me sentí espiritual en Navidad, ni siquiera cuando me consideraba católica. Sabía que era una fecha especial porque mi familia cercana se reunía, cenaba junta y procuraba pasársela bien. Pero solía sentirme un poco nerviosa… de regarla, de que el fino cristal encantado se rompiera. Sin embargo jamás se rompió, no recuerdo una Navidad que no cumpliera con lo esperado: botana, algo de bebida, vestirse si no bien por lo menos no en facha, la cena, un postre, dormir tarde. La última fue inusual: en el 24 mi tía, mi abuela y yo cenando, mi madre en el hospital. El 25 mi madre y yo en el hospital, pero a pesar de las separaciones y las hospitalizaciones las cuatro la pasamos bien.
Así fue como el año pasado terminé de moldear y ponerle barniz a mis creencias navideñas: son unas lindas fechas comerciales donde uno aprovecha a hacer fiestas, descansar, pasársela con la familia y meditar sobre el año que casi acaba, nada más.
Año Nuevo es más espiritual para mí.

(Asuan le dice a Carlos del “mono que queman todos los años” y este sale, para enterarse bien del chisme. Yo también salí, emocionadísima por la posibilidad de ver a un judas rosarino, pero casi choco con la poli montada (desmontada) y a pesar de que yo estaba ahí parada primero y el casi me arrolla (quizá se le olvidó que ya se había bajado del caballo) no se disculpó y siguió viendo de largo, como si yo no estuviera. ¿Esperaba que yo me moviera? Eso es algo que quizá nunca sepa. Terminó pasándome por el lado. Carlos, apresuradísimo, firmó la hoja de… no sé, una hoja que firman todos los vecinos. Y tienen razón en hacerlo ¿qué tal que un día llama una persona que se dice rosarina y en realidad es de una colonia denominada mesas y las cosas se confunden y se enredan en la tramitología de que tiene que llamar un vecino residente de la colonia del delito y no de otra? Firmó pues la hoja y le dio sus diez pesotes al malcomido uniformado con su panza chelera (hemos de compadecernos del equino), para que un día en caso de emergencia, sí llegue. Yo digo que aunque le diera mil de propina, jamás llegaría. Mientras, miro hacia afuera, al caballo que esperaba a su charro negro y al montado que esperaba a su pareja. Tornasol, de La Gusana Ciega, sonaba a todo volumen en el cibercafé. El montado seguía la letra, pero cuando se dio cuenta que lo estaba viendo, se calló y volteó para los cerros. Cuando se van los montados, le pregunto a Carlos que cuándo queman el judas. Él dice que cuál, yo le señalo la cuerda en la que presuntamente irá el judas. Pero él dice que nunca han quemado nada y lo reafirma preguntándole a su hermano Asuan. Pero él dice que tampoco. Quizá nunca me había sentido tan adentro de El País de las Maravillas)

El Año Nuevo… puede que a partir de este año, sea más significativo y espiritual que cualquier otra fiesta. ¿Qué más podría presagiar la limpieza general en el cibercafé y en mi casa cuando todo el año no hago mas que ordenar mi cuarto “a mi manera”?

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